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| Esperanza Salazar. |
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Las mujeres en México hoy más que nunca estamos sufriendo agresiones institucionalizadas por parte de gobiernos y organismos internacionales que se dicen defender los derechos humanos, los derechos a la salud, a la alimentación.
El caso más reciente es la autorización que el gobierno mexicano dio a empresas biotecnológicas como Monsanto, para siembras experimentales de maíz transgénico y el apoyo que hace un par de días vino a dar la FAO a las grandes corporaciones mercantilistas de la vida, lo que dará por resultado la pérdida de nuestro maíz nativo que las mujeres campesinas y campesinos con celo han cuidado a lo largo de nueve mil años y con el que han alimentado a sus hijos pasando de generación en generación, no sólo como un artículo más de consumo, sino como parte de la riqueza cultural de nuestro pueblo.
México es centro de origen de maíz que cuenta con 61 razas y miles de variedades por todo el mundo, las empresas trasnacionales quieren reducir a unas cuantas variedades y ser dueñas de ellas, obligando a campesinas y campesinos comprar semilla cada vez que quieran sembrar.
Los legisladores mexicanos han decretado leyes como la ley de certificación de semillas que castigará muy pronto a quienes guardan semillas y las siembren clandestinamente.
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